Restos


A nadie le asombra ver lo rápida y fácilmente que sanan nuestras heridas físicas, ya sea un simple corte o una complicada operación quirúrgica. Todos intuimos que, salvo dificultades inesperadas, es sólo cuestión de tiempo que nuestro cuerpo haga su trabajo, y sabemos por experiencia propia y ajena que existe una tendencia natural a la restauración y la reparación de nuestro organismo.

Aparentemente, algo diferente ocurre con nuestras heridas emocionales. A veces da la impresión de que, en lugar de tender a la sanación, tienden a la cronificación y en casos extremos a la necrosis, como cuando se nos congela el corazón y se nos parte en mil pedazos. Estamos convencidos de que lo único que puede sanarnos es el paso del tiempo y que no podemos hacer nada por nosotros mismos, salvo esperar y poner buena cara al mal tiempo.

Sabemos cuáles son los pasos básicos que debemos seguir para limpiar una herida física, pero somos algo más incompetentes cuando se trata de lesiones emocionales. En lugar de pararnos a pedir o a ofrecernos ayuda, salimos corriendo, como un niño con la rodilla ensangrentada. “El tiempo lo curará”, nos decimos, pero en el fondo sabemos que esa herida mal curada permanecerá abierta para siempre, incluso después de habernos olvidado de su presencia. Y como ya es inevitable deshacernos de ella, nos apresuramos a olvidarla, sin plantearnos siquiera qué tipo de cuidados podríamos aportarnos. ¿Cada cuánto tiempo tengo que cambiar el vendaje de mis heridas emocionales? ¿Necesitaré rehabilitación? ¿Cuánto tiempo voy a estar de “baja emocional”? Poco importan las respuestas, porque hay que seguir adelante, sin mostrar signos de malestar. Podemos cojear después de una lesión de rodilla, incluso lucir con orgullo nuestra escayola, pero bajo ningún concepto nos permitimos cojear emocionalmente.

A mí, personalmente, siempre me ha resultado extraño ser emocionalmente tan vulnerable. Una y otra vez me he preguntado, y he preguntado: ¿a qué se debe que tengamos que sufrir para aprender? ¿Cómo es que arrastramos nuestras heridas durante años, décadas, y a veces vidas enteras? ¿Qué nos hace tan vulnerables al desamor y a la crítica? ¿Qué nos hace tan dependientes y deseosos de la atención y afecto de los demás? ¿Cómo es que podemos explorar otras galaxias, hacer trasplantes de corazón, crear maravillosas obras de arte… y seguir siendo tan inexpertos procesando nuestra información emocional negativa? ¿Cómo es que nuestro organismo puede curar heridas físicas pero no emocionales?


Mirar con otros ojos

Dicen que la respuesta se encuentra siempre en la pregunta, que sólo hay que mirar con otros ojos lo que ya sabemos para descubrir lo que aparentemente desconocemos. Y eso es básicamente lo que hizo la Dra. Francine Shapiro en 1987: miró con otros ojos su propio mecanismo de procesamiento emocional. Shapiro, entonces estudiante de post-grado de psicología, descubrió no sólo por casualidad, sino por observación, que sus estados emocionales negativos mejoraban cuando movía los ojos de forma rápida a derecha e izquierda mientras paseaba. Observó que ese movimiento rápido de los ojos de alguna forma conseguía “limpiar” su estado emocional y reducir su malestar.

En esencia, Shapiro, entró en contacto con su propio antivirus emocional, activando de esta forma su sistema inmunológico emocional, un sistema de procesamiento de información emocional tan habitual en nosotros que lo utilizamos de forma no consciente cada noche cuando entramos en la fase REM (Rapid Eye Movement) o MOR en castellano (Movimientos Oculares Rápidos).

Si miramos con otros ojos nuestros sueños, podemos ver que utilizamos sencillas herramientas de PNL (Programación Neurolingüística), al alcance de todos: imágenes, asociaciones de ideas, estados emocionales, sensaciones corporales subjetivas como ver, oler, escuchar, sentir, y otras objetivas, como el aumento de la respiración, el pulso, la presión sanguínea… algo parecido a lo que hacemos cuando estamos viendo una película pero, en este caso, acompañado de un rápido movimiento de los ojos. En nuestros sueños vivimos nuestra propia película, activamos nuestros sentidos, asociamos imágenes y experimentamos sensaciones corporales y emociones, mientras nuestro cerebro es estimulado bilateralmente con el movimiento de nuestros ojos.

A grandes rasgos, la hipótesis de Shapiro es que efectivamente disponemos de un sistema natural de procesamiento emocional y que nuestra salud mental se encuentra en todos nosotros, aunque ocasionalmente pueda estar bloqueada por algún acontecimiento que no ha sido adecuadamente procesado y sigue pendiente del antivirus.

La técnica del EMDR

En su forma más compleja, esta idea se traduce en “un abordaje terapéutico, validado científicamente y utilizado con evidente éxito en un amplio rango de patologías fóbicas y traumáticas”, denominado EMDR (Eye MovementDesensitization and Reprocessing) o DRMO en castellano (Desensibilización y Reproceso por el Movimiento de los Ojos). La EMDR se sirve de las mismas herramientas que utiliza nuestro cuerpo de forma natural durante la fase REM de nuestro sueño, pero estando despiertos y conscientes: eventos emocionales significativos, asociaciones de imágenes, frases o cogniciones negativas y positivas, sensaciones corporales, y estimulación bilateral en forma de movimientos oculares, táctiles o auditivos. El resultado de este procesamiento consciente de la información emocional es un desbloqueo del nudo emocional que estaba pendiente de ser procesado y almacenado. Básicamente, pasamos el antivirus para poder archivar el evento en el lugar adecuado.

Es importante tener en cuenta que el proceso EMDR debe siempre ser aplicado por un terapeuta certificado cuando queremos “limpiar” eventos emocionales importantes o traumáticos, ya que no aplicar los protocolos correctamente puede resultar en un daño mayor si no se gestionan adecuadamente los recuerdos emocionales negativos evocados y las sensaciones corporales que los acompañan.

No obstante, la evolución y los buenos resultados del EMDR a lo largo de estos años han permitido que el procedimiento y los protocolos de aplicación se expandan más allá de sus objetivos iniciales (principalmente tratar el Trastorno por Estrés Postraumático o TEPT) y actualmente se utiliza con éxito en combinación tanto con la Psicología Positiva como con el Coaching. En ambos casos, el objetivo es potenciar los recursos positivos del cliente permitiendo un mejor desarrollo de su actividad diaria, un mejor rendimiento profesional o deportivo, o incluso ayudarle a dejar de fumar, a vencer el miedo a visitar a un dentista, el miedo a volar o un miedo escénico.

Un sencillo y práctico ejercicio

Te propongo un simple ejercicio para aliviar pequeñas magulladuras emocionales. Me refiero a esos pequeños roces emocionales que nos ocurren día a día, pequeños eventos emocionales que no requieren ser tratados por un profesional, pero sí necesitan de nuestros cuidados y atención. Cuando alguna emoción negativa no demasiado intensa te visite, busca un lugar tranquilo en el que no vayas a ser interrumpido y simplemente cruza tus brazos alrededor de tu cuerpo, abrazándote a tí mismo. Pon tus manos sobre tus antebrazos, cierra los ojos y empieza a golpear suave pero firmemente, cada antebrazo de forma alternativa: derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda… deja que la imagen y la sensación negativa empiece a fluir por tu cabeza y por tu cuerpo… izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha… siente en qué parte de tu cuerpo puedes percibir con más intensidad el eco de esa sensación negativa… izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha…. deja que las imágenes, sensaciones, palabras, sonidos, fluyan y se transformen en tu pantalla mental como si estuvieras viendo una película… izquierda, derecha, izquierda, derecha… cuando la sensación negativa se haya reducido y ya no sientas su eco corporal, añade una afirmación positiva que refleje el estado en el que te gustaría sentirte, asociándola a una imagen agradable… derecha, izquierda, derecha, izquierda … y regálate el tiempo necesario para activar tu antivirus emocional. Recuerda que nada ocurre en un instante, salvo el amor.

 

TEMAS (Del lat. thema, y este del griego θέμα) FORMATIVOS (adj. que forma o forma): 1. Partes del contenido de la acción formativa que permanecen invariables a lo largo de todo el proceso y que se utilizan para obtener los resultados deseados: Inteligencia Emocional, PNL (Programación Neurolingüística), AT (Análisis Transaccional), Comunicación, LiderazgoCoaching.

 ANDRAGOGÍA: (Del griego ἀνήρ "hombre" y ἀγωγή "guía" o "conducción"). 1. Ciencia y arte de la formación de adultos, fundamentada en los principios de participación y horizontalidad2. Proceso que al ser orientado con características sinérgicas por el facilitados del aprendizaje, permite incrementar el pensamiento, la autogestión y la creatividad del participante adulto.

FORMACIÓN IN COMPANY: 1. Programa de acciones formativas diseñado para satisfacer las necesidades reales y específicas de desarrollo de una empresa. 2. Soluciones formativas específicas, tanto por los contenidos como por la flexibilidad de los formatos, enfocadas a tratar cuestiones, enfoques y métodos que faciliten la consecución de una ventaja competitiva.


EMPATÍA: 1. (C.Rogers) Condición esencial para establecer una relación interpersonal óptima. 2. Genuino interés por conocer el mundo de la otra persona, desarrollando un sentido de cómo sería estar dentro de ellas misma.

CONGRUENCIA: 1. (C.Rogers) Forma abierta y trasparente de relacionarse. 2. Actitud que permite entablar relaciones interpersonales de igual a igual con otras personas, tal como se es.

CONSIDERACIÓN POSITIVA INCONDICIONADA: 1.(C.Rogers) Actitud que consiste en aceptar a la persona como valiosa, digna de respeto, distinta a las demás. 2. Concepción de la persona como un organismo capaz de vivenciar experiencias cuyas tendencias básicas son dignas de confianza.

MI propuesta de formación está orientada a dar a conocer como podemos sacarnos el mejor partido posible tanto individualmente como en interacción con los demás.  La herramienta fundamental es sin duda alguna dar a conocer como funciona nuestro cerebro, nuestra mente y nuestro cuerpo, todo ello en un sistema determinado: nuestro entorno.

 

Entiendo la formación de adultos como un proceso sinérgico en el que el grupo es en si mismo facilitador del aprendizaje y la autogestión. Me gusta fomentar la participación y la horizontalidad de forma que todos los participantes puedan tomar conciencia de las formas en que se relacionan con el grupo. 

Conforme aprendemos, nuestras neuronas individuales alteran su estructura y fortalecen sus conexiones sinápticas. Cuando desarrollamos recuerdos a largo plazo las neuronas cambian su forma anatómica y aumentan el número de conexiones sinápticas con otras neuronas.

Eric Kandel, Premio Nobel 2000