Mi filosofía terapéutica

Las actitudes básicas que me mueven como profesional y como persona se enmarcan dentro de un enfoque que se denomina humanista o  "centrado en la persona", tal como lo definió el precursor de esta corriente, el psicólogo Carl Rogers. 

Una de sus mayores aportaciones a la psicoterapia fue la de sustituir el concepto de paciente por el de cliente, destacando de esta manera la posición activa y comprometida que asume la persona respecto a su propio cambio.

Me mueve la confianza en el potencial de mis clientes, a los que considero capaces de guiar adecuadamente su vida si se les facilita las condiciones adecuadas para acceder a él.  

CONGRUENCIA: 1. (C.Rogers) Forma abierta y transparente de relacionarse con los demás. 2. Actitud que permite entablar relaciones interpersonales de igual a igual con otras personas, tal como se es.

CONSIDERACIÓN POSITIVA INCONDICIONADA: 1. (C. Rogers) Actitud que consiste en aceptar a la persona como valiosa, digna de respeto y distinta a las demás. 2. (C.Rogers) Concepción de la persona como un organismo capaz de vivenciar experiencias cuyas tendencias básicas son dignas de confianza.

EMPATÍA: 1. (C.Rogers) Condición esencial para establecer una relación interpersonal óptima. 2. (C.Rogers) Genuino interés por conocer el mundo de la otra persona, desarrollando un sentido de cómo sería estar dentro de ella misma.

LIBRE ALBEDRÍO: 1. Creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que los humanos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones. 2. (V.Frankl) Capacidad del hombre de no limitarse a existir, sino de decidir cómo será su existencia y en qué se convertirá en el minuto siguiente. 

Mi formación académica y experiencia 

MI: 1. m. Mús. Tercera nota de la escala musical. 2. Su origen deriva del inicio del tercer verso del himno religioso Ut queant laxos, usado por Guido d´Arezzo para nombrar las notas musicales: Mira gestorum 

 

Me licencié en Psicología en la UNED, compaginando mi trabajo y mis estudios durante los cinco años que duró mi carrera. Y nada más terminar me formé en Inteligencia Emocional en el primer curso de Especialista Universitario que puso en marcha la Universidad Camilo José Cela de Madrid.

Desde entonces, mi placer por aprender y descubrir no ha hecho más que crecer y alimentarse con nuevos conocimientos, técnicas y procesos. 

Como terapeuta, he tenido la suerte de nutrirme de la sabiduría y la experiencia de mis maestros de Master de Terapia Individual y de Grupo de Hortaleza (María Eulalia, Javier Ortigosa, José María Burdiel, José Antonio García Monje y Antonio Núñez Partido entre otros), maestros porque además de compartir sus conocimientos teóricos sobre C. Rogers, A. Lowen, F. Perls y E. Gendlin,  me transmitieron su pasión por el trabajo que realizaban y me convirtieron en Terapeuta.  

Después de tres años de formación y de terapia propia,  acabé por placer incorporando las ideas de la psicología humanista a mi forma de entender la vida, para luego poco a poco dejarme modelar por otras visiones, a veces contradictorias, a veces opuestas a estos planteamientos, pero que siempre me han hecho seguir ampliando mi visión sobre mí misma: gracias P. Watzlawick, gracias G. Nardone por hacerme dudar tanto de mi realidad y enseñarme durante el Master todas esas estrategias de TBE (Terapia Breve Estratégica).

Mis primeros pasos como coach vinieron de la mano de Paco Yuste, en la Escuela de Inteligencia Emocional y posteriormente con María Calandría en Coaching Madrid y con la Fundación Auguere y todo su equipo internacional de formadores. Mi curiosidad también me ha llevado a asistir a diferentes cursos y talleres impartidos por figuras tan destacadas como Robert Dills o Alain Cardon.

También complementé mi formación como terapeuta y coach con Programación Neurolingüística (PNL) de la mano de Gustavo Bertolotto, en el Instituto Potencial Humano, con la visión Transpersonal de José María Doria en la Escuela Transpersonal, el Wingwave Coaching con Sylvia Kurpanek o con la formación de G. Nardone sobre Coaching Estratégico. 

En algún momento de este recorrido alguien me regaló una valiosa palabra: neurofeedback y mi curiosidad me llevó hasta Suiza donde tuve mi primer contacto con las ondas cerebrales. Fue un curso muy inusual pero alimentó mi interés lo suficiente como para comprarme mi primer equipo de neurofeedback y viajar a Esalen (California), donde tuve la suerte de conocer y experimentar la interesante visión de las ondas cerebrales y la meditación de Anna Wise.  Más tarde, un par de congresos sobre neurología aplicada me llevaron a Alemania, a entrenarme con Siegfried y Susan Othmer y posteriormente con los Thomson en Canadá, todos ellos pioneros del neurofeedback

Unos años más tarde, de la mano del Dr. Aguilar en España y de Jury Kropotov en Londres,  conocí el QEEG o Electroencefalograma cuantitativo, ampliando así mis conocimientos sobre neurofeedback y ondas cerebrales. La fascinación fue tal que actualmente estoy finalizando mi Master en Neuropsicología Clínica en el ISEP, para poder encajar el puzzle de todo lo que voy descubriendo sobre el cerebro y su relación con la mente y el cuerpo.

Paralelamente completé mi formación en Clínico EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), una herramienta terapéutica realmente valiosa que ha requerido muchas horas de práctica y mucha formación pero que ha ampliado mi visión sobre el apego y el cerebro y sobre las posibilidades de la terapia como herramienta de ayuda para sanar el trauma.  Menos mal que Francine Shapiro supo hacia dónde mirar.  

Pero no importa cuánto aprenda, siempre hay algo que acaba sorprendiéndome. El Dr. Len Ochs a quien tuve el placer de conocer en Sebastopol (California)  y su neurofeedback de baja frecuencia (LENS) ha sido sin duda alguna, lo que ha permitido a  mis clientes avanzar a pasos agigantados en sus procesos de mejora. Además ha completado ese puzzle de múltiples herramientas terapéuticas que he ido incorporando a lo largo de estos años a mi trabajo. Gracias LENS por ser tan respetuoso con los procesos de la persona, por confiar en sus capacidades y en el criterio del terapeuta: “eres justo lo que estaba buscando”. 

Pero de todos los valiosos tesoros que voy conservando  en este camino, el  más preciado es sin duda todo lo que he aprendido de mis amigos y de todas la personas que han asistido durante  25 años a mis cursos de formación. Y especialmente lo que comparto día a día con mis clientes en terapia, que me abren las puertas de su intimidad con confianza y me permiten pasear por los lugares más recónditos de su persona.  A ellos, a los que he tenido la fortuna y el placer de ir descubriendo y acompañando durante todo este tiempo y que continuamente me enseñan tanto sobre lo que significa ser un Ser Humano . 

                                 A todos ellos, a lo nombrados y los anónimos, muchas gracias por enseñarme.